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«…A veces, los recuerdos nos embargan... Página 12 publicó, incluso con fotos, dos de los aviones con los que la Marina tiraba secuestrados al mar. Cayeron muchas lágrimas por mis ojos porque la más firme hipótesis que tenemos es que Dagmar fue arrojada al mar. No sé si tendré la paz para inspirarme y escribir un artículo al respecto, te sugiero Grillo, si es que ya no lo hiciste, escribas un artículo sobre el particular porque es el momento justo para entrar a apoyar …» (Ragnar Hagelin).

Los vuelos fueron detectados y denunciados sin descanso por el exilio argentino, pero sólo años después los mediáticos se dieron por enterados y para ocultar lo inocultable utilizaron una treta made in CIA, «saturar el tema», así conseguirían espantar para que la gente no quiera saber más nada, pretendiendo que ya se pensaría que se haría justicia, pasar página pero también dejando viva en el mensaje la perversa frase «por algo será, en algo andarían... esa mosquita muerta, quien diría...» Y en el tumulto desinformativo quedaría pegado por asociación colectiva como insulto endilgar a alguien «montonero», sinónimo hasta el día de hoy de subversivo, de terrorista, de comunista. ¿San Martín, Artigas, O’Higgins, Bolívar, Sandino, Túpac Amaru, Martí, Túpac Katari, Juana Azurduy, Martín, Jesús serían lo mismo de aterradores si resucitaran?
Y así el avión dotado con portalón trasero que se puede abrir en vuelo, era cargado con los secuestrados y «se salía al río –según testimonio del cabo Raúl Villarino– para largarlos desde arriba, ¡vivos!» El avión Electra 5-T-2 ha reaparecido, no así a quienes desapareció. Posiblemente entre ellas una inocente muchachita que resplandecía adolescencia. Un jueves 27 de enero de 1977, una negra categoría sin condición humana la deglutiría… ¿Dónde estará La Suequita, estará aún con vida o un Electra manci-llaría en cobardía la historia verdadera de las alas patrias?
...el capitán Astiz le disparó por la espalda, cayó fulminada de bruces mordiendo el suelo de su patria, conciente, absolutamente presa del desamparo, no desmayó, sus ojitos divinos, abiertos al máximo no podían entender el odio. Dagmar sangraba, cuando vio que cerraban la puerta del baúl de un coche levantó sus manos desesperada. La última imagen que alguien en libertad viera de ella fue intentando evitar que cerraran la tapa.
La hija del sueco Ragnar, la colegiala de la escuela pública Sarmiento, la Suequita romántica, la amante de la música toda, la soñadora con un mundo de paz, herida por la espalda desapareció convirtiéndose en la incertidumbre, morbosa e insuperable, de no saber nunca más de su suerte. Nunca una más sino que engrosaba todos y cada uno de los 30.000 desaparecidos/as.
La dictadura del trío armado por los Estados Jodidos del Norte, Teniente General Videla, Almirante Massera, Brigadier General Orlando Agosti, colgaban sobre sus uniformes la más cruel e insana matanza de la corta historia de Latinoamérica. No existieron reparos morales, religiosos, éticos, patrióticos. La carnicería aullaba produciendo alaridos inconcebibles, inolvidables, imperdonables.
La Suequita ganaba búsqueda global, Dagmar poco a poco fue apareciendo en testimonios, no estaba muerta, desaparecida pero viva. Aseguran que en silla de ruedas la descubrieron unos maltrechos prisioneros en la Base de Buzos de la Armada, cercana al Faro de Mar del Plata. En meses posteriores fue vista viva por prisioneros en distintos campos de concentración y exterminio. También algunos sobrevivientes señalaban a los vuelos de la muerte... Transitados 38 años desde ese 27 de enero de 1977, una señora saludaba al pueblo desde el balcón de la Presidencia; Cristina Kirchner sabía de los vuelos, de los niños robados, de lo que costaba enviar a juicio a criminales de lesa humanidad... de la acción destituyente esgrimidos por los medios masivos de desinformación... pero a pesar de todo ante tantas atrocidades al fin funcionaba la democracia como un resplandor de esperanza, una invitación al camino de la paz que sin justicia no podría coexistir...
Argentina le debe al pueblo sueco una niña, esa que cursaba el bachiller en el Liceo, esa a la que no le permitieron ni siquiera festejar sus cumpleaños. Alaridos de miles y miles sin ser escuchados destruye la paz cuando ésta es sólo un artificio, la verdadera paz vendrá cuando exista un acto de justicia para todos los enemigos de la bondad.
No puede haber olvido y dar vuelta la página. Evitémoslo entre todos los periodistas que crean opinión, que planten sus plumas en editoriales rescatando la historia que nunca cederá ante la desinformación, ante la Cámara de Tasación que esconde jueces injustos por cómplices de algo terrible que Las Naciones Unidas han calificado contundentemente «Crímenes de lesa humanidad», y sin embargo criminales impunes pasean por las calles, arremeten, injurian, insultan, vociferan, odian, se organizan con manifestaciones como la del 28F, caceroladas oligarcas…
Redacten, acusen, publiquen, revuelvan, enseñen para que nuestros pueblos alcen la voz, que sea de todos y no de sólo un padre sueco anciano con la próstata acechando su esperanza de volver a verla...
Desde Växjö un abuelo de la Plaza de Mayo