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Nos aferramos a volar en sólo máquinas y las construimos, pero olvidamos que con la reflexión, el trabajo y la ilusión podemos llegar más lejos. Tal vez con esta frase se podría sintetizar una lectura más de las tantas que proliferan a una semana de las elecciones europeas. Pero ninguna impresión puede enhebrarse en un mero concepto simplista o idílico y más allá de lo que ha sido el surgimiento y explosión, tanto en la urnas como mediática de Podemos, las lecturas no se pueden hacer olvidando la otra mitad de electores que se quedó en casa algo que, de una forma u otra, prueba por una parte el descreimiento de la población  y por otra una censura a la Europa construida en base sólo a los intereses de los dueños del dinero.

Ese cincuenta por ciento de abstención lo será menos en las próximas autonómicas y generales que nos llegan en los próximos dos años y refirmarán o no  lo ocurrido el 25.
Pero si algo queda además en evidencia es que el bipartidismo español está en franco retroceso tal cual lo demostró el hecho de que los votos de PP y PSOE en las urnas sumaran menos del 50% del electorado o dicho en número reales menos del 25% de los inscriptos en el censo electoral.
Cabe destacar el éxito de los partidos enraizados con los movimientos de protesta ante las medidas antipopulares del gobierno. Tanto Izquierda Unida –que con el 9,9% de votos se coloca en una buena posición para acometer las próximas elecciones municipales y autonómicas– como la irrupción de Podemos que aglutinada en la candidatura del profesor universitario Pablo Iglesias (foto) y con menos de cuatro meses de vida, fue refrendada con más de un millón doscientos mil votos, un 7% del electorado,  obteniendo cinco eurodiputados y convirtiéndose en un fenómeno social que debe transportar a la izquierda tradicional a un profundo análisis sociológico y al replanteamiento de ciertos males enquistados en un aparato que se resiste a dejar de lado  ciertos vicios de funcionamiento y aceptar un aggiornamiento aún dentro del sistema que se cuestiona.
Lo innegable es que el nuevo entorno producido tras la debacle del PP y PSOE, el ascenso de la izquierda y los anhelos de unidad, son dignos de un análisis serio y sobre todo con altura de miras; forjando la misma desde la base, en el trabajo y con un dispositivo común de acción frente a los objetivos comunes y eso es posible desde la perspectiva de un nuevo Frente Popular, que junto a la experiencia del anterior sostenga la bandera de todos los damnificados y marginados por los dictados del gran capital.
Las próximas elecciones municipales, de dentro de un año, se podrían establecer en un escenario similar a las municipales de 1931 tras las que se proclamó la Segunda República; con una España que rompa definitivamente con el régimen bipartidista borbónico en miles de Ayuntamientos y Parlamentos Autonómicos obligando a la apertura de un proceso constituyente en el que se redacte una  nueva Constitución popular, justa y republicana.
Se puede, sí, pero con el aporte de todos. Sin priorizar intereses de partido y/o personales, con los brazos abiertos, abandonando las clásicas rencillas preelectorales y sumando brazos. Algo se mueve y ya era hora, no le pongamos peros. Saber capitalizar el sueño de los pueblos es tan simple como volar con la imaginación y no fabricando máquinas aladas que luego nos es imposible disfrutar.