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Jacqueline es una actriz chilena de mucho renombre  y con gran cantidad y variedad de roles en teatro, cine y televisión. Es además directora de teatro, ha producido y dirigido obras con diversos grupos y como si eso no bastara es además, pedagoga teatral y, actual-mente, presidenta de la Corporación Teatral de Chile (Cortech).

Eduardo  Miranda, periodista, escribe sobre ella: « No alcanza a llegar al 1,50 metro de estatura. Sus ojos bien abiertos y su cara redonda se vuelven expresivos cuando conversa, pero definitivamente parecen iluminarse cuando ríe. Jacqueline Boudon sabe que tiene «el don». Sabe, también que siempre lo ha tenido. Dice: «Yo me paro en el escenario y me doy cuenta de que la gente se ríe inmediatamente. Debe ser porque me compenetro mucho con mi personaje, pero también es porque heredé un talento».  La hija mayor de Jorge Boudon, uno de los ya legendarios actores del extinto Teatro Experimental de la Universidad de Chile, dice que no pudo haberse dedicado a otra cosa sino al teatro. Desde niña acompañó a su padre a los ensayos y  funciones. Y le tocó conocer y estar entre los grandes actores, actrices y pioneros de los escenarios chilenos. Roberto Parada, María Maluenda, Agustín Siré, Bélgica Castro, Pedro Orthous, todos ellos fundadores del Teatro Experimental. Y Jacqueline dice: «Nunca voy a poder olvidar el escenario del Teatro Antonio Varas con Marés González, María Cánepa, Carmen Bunster, Bélgica Castro...»
Y el  pasado miércoles 13 de agosto, tuvimos el privilegio de tenerla entre nosotros, aquí en  Estocolmo, en el escenario de Blå Huset, en Tensta, asistiendo como público a la presentación de su monólogo Mujeres Chilenas.  La pequeña y simpática sala de Blå Huset estaba llena hasta el tope. Y eso habla del interés que ella despierta entre nosotros, los chilenitos que vivimos en Suecia y que añoramos Chile.  Estaban presentes una gran cantidad de viejos amigos y amantes del teatro, poetas y escritores como Wilson Durán y José Bernardo Tusach; actores como René Ortiz, Florencio Urbano, Patricio Zamorano, Jaime Gatica y Jaime Martínez  del Teatro Fugamar, y por supuesto, ese viejo amigo y compañero del exilio, quien nos honra, nuevamente, con su presencia como Embajador de Chile en Suecia: José Goñi.
Igor Cantillana, quien es el gran organizador de estos eventos, presentó a Jacqueline Boudon y adelantó una serie de actividades que tendrán lugar en los meses de septiembre y octubre, entra ellas la venida del Teatro «Locos del Pueblo» que presentará dos obras:  «Qué tiempos aquellos, Fanta y Romo» con dramaturgia de Víctor Faúndez y dirección de Juan Radrigán. Y «Memorial del Bufón» escrita y también dirigida por Juan Radrigán.
«Mujeres Chilenas», presentada por Jacqueline Boudon es una obra absurda y tierna. La enorme simpatía que ella despierta en el escenario induce al público a pensar que el texto teatral puede ser una comedia farsesca como tantas que hemos visto. Pero, a poco andar, la situación se va profundizando y empezamos a descubrir lo que se oculta tras la obra. Su trama es muy sencilla: una mujer de cierta edad que plancha ropa, sábanas y colchas y habla através de la ventana abierta con una vecina, a la que nunca vemos. La vecina está entre el público, de modo que la comunicación de la actriz-personaje es directa hacia todos nosotros. Todos empezamos a sentirnos «la vecina». O, quizás, vecinos intrusos que escuchan a través de las ventanas abiertas lo que el personaje tiene que contar.  Porque para la mujer, el personaje magistralmente interpretado por Jacqueline Boudon, es absolutamente necesario contar su situación, qué pasa con ella.
En el inicio, lo que ella cuenta parece un «chascarro», una copucha, o una maledicencia que puede interesar a la vecina. El hermano de su marido ha venido a vivir a casa, por alguna razón que no queda muy clara. Y el tipo tiene fantasías sexuales, se masturba en presencia de ella o ella lo observa a escondidas como haciéndose la tonta. Luego sabemos que ella no puede salir de casa. El marido la tiene encerrada bajo llave. Y este viene a ser el punto inicial del conflicto. El encierro, la incomunicación, el sometimiento y el destino de la mujer chilena de clase media baja, sin medios para ganarse la vida y bajo la tutela del marido. La mujer chilena encerrada bajo bajo llave, simbólicamente, o de verdad.
La historia no es única. Y se repite en ciertos estratos sociales donde para la mujer chilena o de otros países le ha sido imposible realizar vida propia, profesión, independencia económica y real de la sociedad patriarcal chilena. Porque, desgraciadamente, nuestro Chile no es sólo una sociedad dividida en clases. Es, además, desde hace siglos, una sociedad en la que el sistema familiar es patriarcal.   Por ello, la realidad sexual de la mujer no sólo está dominada y controlada por el hombre. Su realidad sexual sólo se realiza en sueños y ficciones.  Por ejemplo, la historia que ella cuenta sobre ese amor apasionado y grande con un joven menor  que ella, puede ser una ficción o una realidad a medias. Y entonces, el drama se introduce en el corazón, en la mente del público. ¿Qué es verdad? ¿Qué es fantasía? La realidad del escenario se nos convierte en un desierto donde esa mujer vive abandonada, sola, castigada.
Y sin embargo ella sonríe. Recoge la ropa que acaba de planchar, la deja ordenada sobre una silla. Y sale de escena murmurando con una sonrisa.... «pero yo estoy contenta... contenta... soy... feliz».  Y es una bofetada que te deja botado en la silla donde estás sentado.  Sí. Ella es feliz. Nuestras mujeres son felices. Nuestro Chile es un país contento.  Y te baja el impuso de gritar: ¡Pero,no! ¡Es una mentira!  Y la realidad o ficción que Jacqueline Boudon te ha mostrado magistralmente no te permite respirar. Pareciera que la historia que conoces desde que eras niño no ha cambiado. Y todo sigue igual. Aunque sabes que hay cambios. Pero todo sigue igual.
Gracias, Jacqueline Boudon. Me has regresado al Chile que conozco y amo. Y sin embargo, es el Chile que detesto y que durante toda mi vida he querido cambiar y mejorar. Un abrazo. Eres una gran actriz, digna hija de tu padre, un gran actor. Sigue adelante. El teatro no puede cambiar la sociedad, pero ayuda a que tomemos conciencia de que el cambio es necesario.