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La presidenta Dilma Rousseff anunció cambios en la cúpula de las fuerzas armadas brasileñas con el nombramiento de nuevos comandantes del ejército, la fuerza aérea y la marina. Además, la jefa de Estado decretó un recorte preventivo de gastos equivalente a un tercio del presupuesto de los 39 ministerios de su gabinete, lo que supone un ahorro de 703 millones de dólares por mes.

La medida, dictada por la Presidencia y por el flamante ministro de Planeamiento, Nelson Barbosa, regirá al menos hasta que el Congreso haya aprobado el proyecto de Presupuesto para 2015, lo que ocurrirá a partir de febrero, cuando se reanuden las actividades del Poder Legislativo.
Según un comunicado de la Presidencia, el brigadier Nivaldo Luiz Rossato, actual jefe del estado mayor de la aeronáutica, será el comandante de la fuerza aérea en reemplazo del brigadier Juniti Saito. En el comando del ejército, en sustitución del general Enzo Martins Peri, asumirá el general Eduardo Dias da Costa Villas Bóas, quien se desempeñó como comandante militar en la Amazonia y actualmente es jefe del Comando de Operaciones Terrestres (Coter), que coordina todas las acciones militares en territorio nacional. En tanto, el almirante Eduardo Bacellar Leal Ferreira, actualmente al frente de la escuela superior de guerra, relevará en el comando de la marina al también almirante Julio Soares de Moura Neto.
Los tres comandantes de las fuerzas armadas reemplazados por Rousseff se desempeñaban en sus cargos desde 2007, cuando fueron promovidos por el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Los nuevos comandantes fueron elegidos después de dos reuniones con el ministro de Defensa Jaques Wagner. El general Villas Bóas asumió el cargo en abril de 2014. Fue promovido a comandante militar de la Amazonia durante el conflicto desatado por el desa-lojo de pueblos originarios en Humaitá, en el estado de Amazonas, a principios del año pasado. Durante este período, según el diario O Globo, fue recibido por la presidenta para hacer un informe de situación de la región. Se inició en la fuerza terrestre en 1967, la escuela preparatoria de cadetes del ejército, en Campinas, San Pablo.
El brigadier Rossato se unió a la fuerza aérea brasileña en 1969 y cuenta con más de 3.500 horas de vuelo. También encabezó organizaciones tales como Operaciones Aéreas, el Departamento de Educación de la Fuerza Aérea y el Quinto Comando Aéreo Regional. El almirante Leal Ferreira es comandante de la escuela de guerra desde mayo de 2013. Ingresó a la armada en 1971, en la academia naval. Se desempeñó como embarcado por más de 16 años.
A mediados de diciembre, durante un almuerzo que mantuvo con generales brasileños, Rousseff se refirió a la relación entre las fuerzas armadas y la sociedad civil. “En el Brasil de hoy, la defensa y la democracia van de la mano. En Brasil estamos construyendo, la defensa, el desarrollo y la democracia se refuerzan mutuamente”, dijo la presidenta, en un breve discurso de 13 minutos, según el diario O Globo. Dilma aprovechó además su intervención ante los militares para enumerar las acciones que su gobierno había tomado en el ejército, como la compra de cazas Gripen suecos, anunciada en 2013.
Celso Amorim dijo que mientras estuvo al frente del Ministerio de Defensa trató de garantizar que las fuerzas armadas actuaran en forma conjunta y se insertaran en el contexto democrático que vive el país. “Yo quería, en este final de mandato, agradecer esta oportunidad única y agradecer, sobre todo, a su liderazgo firme y equilibrado (de la presidenta) que le permitió a Brasil atravesar otra etapa en su demoractización, que es un proceso que se profundiza día a día y que sin duda continuará, como debe ser en todas las democracias”, puntualizó Amorim.
Por otra parte, los recortes presupuestarios anunciados por Rousseff fueron interpretados por algunos analistas como una muestra de la disposición de su gobierno de poner en marcha un proceso de ajuste fiscal para asegurar este año un superávit primario del 1,2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), tras el déficit registrado en 2014. Según el Planalto, los recortes provisionales anunciados son necesarios por la incertidumbre sobre la evolución de la economía, el escenario fiscal y el calendario del Poder Legislativo, que recién reanudará sus actividades a partir de febrero.
El nuevo comando económico del gobierno de Rousseff –liderado por Barbosa y por el ministro de Hacienda, Joaquim Levy– planea asegurar este año un superávit primario de 66.300 millones de reales (unos 24.500 millones de dólares), de los cuales casi 20.500 millones de dólares tendrán que ser ahorrados por el gobierno federal.
El recorte persigue equilibrar las cuentas públicas durante el primer año del nuevo mandato que la presidenta Rousseff comenzó el pasado 1º de enero.