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«Soy Ignacio o Guido. No estoy firme con esa decisión. Tengo muchas cosas por decir». Fue así como comenzó Guido Montoya Carlotto, el nieto robado en la dictadura argentina que por 36 años buscó la famosa activista Estela de Carlotto.

«Me crié con una pareja de campo. Me enteré que era adoptado hace dos meses, en mi cumpleaños».

Vestido con una chamarra de cuero negro y con su abuela Estela sentada a su lado, Ignacio trató de responder a todas las preguntas de los periodistas en su primera aparición pública junto a la líder de las Abuelas de Plaza de Mayo.

El jueves 7 de agosto por la tarde conoció a la familia de su madre, por la noche cenó en la Quinta de Olivos junto a la presidente Cristina Kirchner y el viernes pasado hizo su primera aparición pública.

En 72 horas la vida de Guido Montoya Carlotto cambió por completo.

Hace dos meses supo que es adoptado, hace un mes se hizo el análisis de sangre para que su ADN se coteje con otros y el pasado martes se enteró de que era hijo de desaparecidos. Y que su abuela era nada más y nada menos que Estela de Carlotto. Todavía se siente más reflejado en el nombre Ignacio Hurban, pero aclaró: «Entiendo que tengo una familia que hace más de treinta años que me está nombrando como Guido y también me siento cómodo con la verdad que me toca».

La primera pregunta de los periodistas presentes se caía de madura y tuvo que ver con sus emociones. «Me parece maravilloso y mágico lo que está pasando. Son muchas emociones mezcladas. Espero que esta situación que estoy viviendo sirva para potenciar esta búsqueda y cerrar las heridas que se abrieron hace tanto tiempo», confesó. «Lo estoy disfrutando pero además disfruto la felicidad en los demás, cómo se están regocijando por un trabajo cumplido», agregó.

Uno de los puntos que remarcó “Pacho”, como le dicen en la Olavarría que lo vio crecer, tuvo que ver con lo que definió como un «error» y que provocó el enojo de su abuela materna con la jueza María Romilda Servini de Cubría, ya que trascendió su nombre a los medios antes de que conociera a su familia biológica. «El proceso de búsqueda es completamente confidencial. En mi caso se filtró porque la noticia parece que era muy importante. Pero insisto, el proceso es extraordinariamente cómodo, respetuoso y rápido», subrayó.

Otro pasaje importante de la conferencia tuvo que ver con los motivos que llevaron a esa búsqueda. Pacho contó que sus dudas se gestaron en 2010, durante una jornada de Músicos por la Identidad. Y que hace dos meses, cuando festejaba un cumpleaños, le confirmaron que era adoptado. «Hay cosas que no se pueden explicar, que te hacen ruido y no terminás de entender. Por eso comencé a buscar. Mi miedo era no encontrar, no poder dar nunca con mis padres. Pero ahora estoy cerrando una pregunta, de dónde viene mi pasión por la música, porque nací en un ambiente que tenía otro destino para mí», indicó.

Y aunque prefirió evitar el tema referido a su apropiador («eso lo vamos a aclarar, lo vamos a decir en su momento»), defendió a sus padres adoptivos. «Es un matrimonio fenómeno que me crió con el mayor de los amores», señaló.

Las palabras de Ignacio Hurban parecieron por momentos salidas de la boca de un activista de Abuelas de Plaza de Mayo, a quienes reconoció que respetaba desde antes. «Mi vida artística, docente y cotidiana no tuvo un tinte distinto a lo que pregonan las Abuelas, la idea de trabajar para construir un mundo mejor. Son un colectivo de gente que a través del amor buscan a sus nietos. Es loable. Es un acto de amor frente a la vida», describió.

Incluso habló de una conexión con los valores de sus padres. «Deben haber estado en algún lado mío. Y si no estuvieran, en los 90 hubiera ido para otro lado. Ser artista también es una actividad política. Ahí está mi historia metida», analizó.

A la hora de explicar por qué convocó a una conferencia de prensa, dijo: «El sentido de que esté acá tiene que ver con aportar mi grano de arena para generar conciencia. Aquellos que están con dudas, tienen que acercarse porque es necesario, no sólo para recuperar la identidad, sino para construir la memoria colectiva, para cicatrizar y seguir de la mejor manera posible. Yo era un pibe que crecí en el campo, pero terminé acá». También relató una anécdota: «Cuando empezamos a investigar mi pasado, miraba las fotos y las comparaba usando el Photoshop. Celeste, mi pareja, me decía que era igual a Estela. Y yo decía: ‘Si vamos a hacer el ADN, ojalá sea el nieto de ella’», contó. Su deseo se cumplió.