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Los primeros habitantes del territorio Yaqui fueron los Surem. Según cuenta la leyenda eran seres pequeñitos, barbudos, muy longevos y de gran inteligencia. A los Surem les habló un día un árbol de mezquite pero no entendieron su lenguaje y tuvo que ser una mujer, Yamomuli, quien les tradujera el significado de sus palabras.

El mensaje del mezquite era un advertencia; estaban por llegar gentes extrañas, forasteros de tierras lejanas para dividirlos y convertirlos en cristianos o dejarlos ser surem pero alejados de sus territorios. Después de muchas discusiones quienes decidieron hacerse cristianos se convirtieron en seres humanos grandes y fuertes pero vulnerables ante la enfermedad. Por su parte los Surem se convirtieron en hormigas, lagartijas, peces o se adentraron en los bosques como seres animados a los que los humanos ya no pueden ver. Sin embargo los yaquis nunca se han olvidado de sus antepasados Surem y siguen recordándolos y representándolos en sus ceremonias.
Entrevistamos a Giovanni Velázquez miembro del comité de Solidaridad con el pueblo Yaqui para que nos cuente la historia de esta tribu indígena y de la lucha que están llevando contra el gobierno mexicano y las empresas del saqueo para conservar el agua de su río.
«La tribu Yaqui es un pueblo indígena que se asienta desde hace más de 4 mil años en la provincia de Sonora al noroeste de México. Actualmente son unos 45mil y parte de su población vive en reservas en el estado de Arizona en EEUU. En su lengua, se autodenominan Yoeme, habitantes del río Yaqui.» Su territorio está compuesto por tres regiones: la sierra, de gran biodiversidad y con recursos mineros poco estudiados; el litoral en el sur del golfo de Baja California con abundante fauna marina; y el valle por donde pasa el río Yaqui, una zona muy fértil y propicia para la agricultura donde tradicionalmente se ha cultivado el trigo, el maíz, el algodón y toda clase de frutas y hortalizas. Su cultura, su identidad están ligadas a su entorno y especialmente al río y no sólo por sus recursos materiales sino también espiritualmente. «Su geografía es sagrada, existen zonas físicas donde habitan sus muertos, diferenciando lugares concretos para los que se portaron bien y otros para los que mal. Se entiende por tanto que se haya intentado  conquistar este territorio repetidas veces a lo largo de la historia por la riqueza de sus recursos y que para los yaquis, atacar su tierra suponga un ataque a su existencia y a su propia identidad.» Por ello su cultura se ha construido como una cultura de resistencia ante el invasor y recelosa de su propia intimidad. Su organización político-social también refleja esta circunstancia. Los yaquis nombran a sus gobernadores, pueblo mayor, capitanes, comandantes y al secretario que es el traductor, encargado de las relaciones con otros pueblos. Son cargos elegidos por el pueblo y tienen funciones civiles y militares.
Como advirtió el mezquite, los extraños invasores llegaron a sus tierras. En 1533 el ejército español cruzó por primera vez el río Yaqui. Los yaquis que eran seminómadas, establecieron por vez primera los límites de su territorio e hicieron un frente común para enfrentarlos. Nunca perdieron una batalla, sin embargo, sí permitieron la entrada a los jesuitas por sus técnicas agrícolas y así llegó también el cristianismo. Empezaron entonces a formarse nuevas formas de entender su religión. Utilizaron aspectos del cristianismo que les servían para mantener su identidad sin olvidar nunca su historia ancestral. «Aunque al día de hoy tienen celebraciones como la Semana Santa, se representan rituales muy particulares como la danza del venado, protector del pueblo. Han hecho adaptaciones a su cultura pero la gran mayoría de la doctrina cristiana, tal como se conoce por los crístianos, no está presente ni en sus ceremonias ni en su cosmovisión.»
En el siglo XIX, con el México independiente comienzan de nuevo las incursiones en territorio yaqui por parte del ejército. «En un principio la intención no era la invasión sino aprovecharse de ellos como mano de obra esclava, pero más tarde el gobierno trata de establecer asentamientos y colonos blancos dentro de su territorio.» Porfirio Díaz inició una campaña para construir un proyecto agrícola y sistemas de riego destinados a las élites del país. Comienza una larga guerra entre 1880 y 1940 con la sublevación armada de los yaquis y el sistema de guerra de guerrillas.
«La llamada guerra del Yaqui fue en realidad una masacre, un genocidio. Los generales iban a Sonora para hacer méritos y ascender en su carrera política.» Así Álvaro Obregón o Plutarco Elías Calles llegaron después de sus sangrientas campañas a la presidencia del país. Para sus soldados el panorama era muy diferente ya que combatir en Sonora era un verdadero infierno. «Sufrieron los rigores del clima y el territorio al que los yaquis estaban totalmente adaptados e hicieron gala de su famosa rebeldía. Sin embargo la represión contra ellos fue brutal y se les colgaba de los árboles para dar ejemplo.» Hubo miles de deportaciones a Yucatán, al extremo opuesto del país, en travesías que duraban entre dos y cinco meses y cuyo destino era el de los trabajos forzosos. «Se calcula que entre 8 y 10 mil yaquis fueron deportados, incluidas mujeres a quienes les robaban los niños para dárselos a familias ‘de bien’».
Hubo también quienes ante la crudeza de la guerra huyeron al norte, a Arizona. Los yaquis llegaban hasta los EEUU para comprar armas pero muchos acabaron exiliados allí. Durante la llamada «Conquista del Oeste» por los gringos, los yaquis fueron confinados en reservas donde aún perviven al día de hoy. Tras un largo proceso lograron ser reconocidos como pueblo originario estadounidense. «Mantienen su identidad pero han perdido gran parte de su cultura originaria ante la presión del modo de vida estadounidense. Siempre piden a sus hermanos de Sonora que vayan a cantarles y bailarles en sus celebraciones.» Así mantienen el contacto y se apoyan en sus diferentes reivindicaciones. Los yaquis de Arizona se reclaman como una nación indígena mientras que en Sonora la lucha es por la autonomía de su territorio.
La guerra del Yaqui redujo la población indígena de 50 a 10 mil habitantes, la mayoría de los cuales se refugió en las montañas. Perdieron dos tercios de su territorio ocupados en gran parte por la ciudad de Obregón y por el granero más grande del país destinado a la exportación «el Valle del Yaqui». Ya a finales de los años 30, volvieron para refundar sus pueblos y empezar una nueva guerra, esta vez burocrática, por el derecho a la autonomía y el agua.
Cuentan que el montículo de la Bocabierta fue hace mucho tiempo una serpiente gigante que se alimentaba devorando yaquis. Estos se aliaron con la golondrina y el chapulín (saltamontes) para lograr vencerla. El chapulín consiguió decapitar a la serpiente y ésta reconoció su derrota. «No he podido vencer a los yaquis pero sigan en la lucha, sigan preparados porque otros más fuertes y más numerosos vendrán contra ustedes.» El montículo donde quedó la cabeza es hoy uno de los límites del territorio yaqui.
Tras repasar la historia de este pueblo nos centramos ahora en la actualidad más inmediata para abordar el problema principal que tienen a día de hoy los yaquis; el agua. La provincia de Sonora es un territorio semidesértico donde el agua resulta vital. Esto no ha sido impedimento para que se hayan levantado grandes ciudades como Obregón o Hermosillo, con proyectos industriales potentes que demandan grandes cantidades de agua. «Estas ciudades necesitan traer el agua de algún lado y ya desde los años 40 la industria se ha centrado en la apropiación de este recurso. La política hidráulica mexicana es la de construir grandes presas, ya que su discurso es que toda el agua que llega al mar se pierde sin entender que debe existir un equilibrio ecológico.» El río Yaqui ha sufrido enormemente estas políticas hasta el punto de que está seco y a punto de morir. «Los yaquis ya no pueden enfrentarse con un ejército como tiempo atrás y su lucha se centra ahora en la batalla legal y en la búsqueda de apoyo de otros pueblos indígenas y de la sociedad civil.»
El primer proyecto al que se enfrentaron fue al de la llamada «escalera náutica», un proyecto turístico que pretendía establecer diversas escalas en la costa sur de la baja California para cruceros gringos. El proyecto afectaba por sus dimensiones a todo el noroeste mexicano no sólo a los yaquis. Entonces comenzaron a buscar apoyos y encontraron la convocatoria del EZLN que desembocó en el Congreso Nacional Indígena, donde se llamaba a todos los pueblos a organizarse y defender su autonomía. «Esta convocatoria pretendía visibilizar la situación de los diferentes pueblos indígenas que existen en México, ya que la sociedad civil mexicana, aparte de lo que sucede en Chiapas, tiene un desconocimiento total de la existencia del resto de comunidades indígenas del país. La marcha que realizaron Marcos y los zapatistas por todo el país tenía como uno de sus objetivos hacer visible toda esa otra realidad.»
Sucedió que a partir de este encuentro, los yaquis promovieron en Vicam durante 3 días en octubre de 2007, el Encuentro Intercontinental de los Pueblos Indios de América. Llegaron gentes de todas partes del continente, desde esquimales del Canadá hasta Mapuche de Chile, además de colectivos y miembros de la sociedad civil mexicana. «A partir de entonces su lucha se reforzó y ha existido un apoyo constante. Los yaquis han conocido otras luchas similares a las suyas y han comprendido que deben unirse.» El próximo encuentro está previsto que se realice en Brasil.
Pero sigamos profundizando en el conflicto del agua que si bien comenzó con un proyecto en Hermosillo a mediados de los 90, la cosa recrudeció en el año 2010. Entonces Guillermo Padrés Elías, gobernador actual de Sonora, puso en práctica un acueducto que desde una presa levantada al norte del río Yaqui recorre 175km hasta llegar a la ciudad de Hermosillo. La legislación mexicana no permite este tipo de trasvases porque alteran el equilibrio ecológico como realmente sucede, ya que este kilométrico tubo roba el agua a los yaquis antes de que ésta llegue a su territorio. «Operan 5 bombas que mueven 75 millones de metros cúbicos, con una potencia de 120 metros por segundo. El acueducto favorece a las empresas y no a la población a quienes se les ha subido las tarifas del agua. Controlan el agua a su antojo abriendo y cerrando el tubo cuando quieren. Además durante el recorrido existen válvulas de escape con las que se desvía el agua directamente hacia ranchos particulares.» Mientras tanto los yaquis no tienen agua potable. Deben coger el agua de pozos pero estas aguas no son buenas ya que al secarse el río, el agua del mar se ha adentrado, provocando también que los cultivos se echen a perder.
El consorcio de empresas que ha levantado este tubo es realmente potente. Empresarios locales de Sonora y Sinaloa, el llamado Consorcio Mineras del Desierto (extraño nombre para un proyecto hidráulico) y otras empresas más grandes con nombres importantes como el del omnipresente Carlos Slim o la familia Coppel. Esta familia tiene tiendas de todo tipo por todo el país, incluso bancos y un importante afán inmobiliario. Actualmente están levantando una zona residencial «Lomas del Pitic», en mitad del recorrido del famoso tubo, con lago artificial incluido. «Otras empresas implicadas son BigCola, Pepsi, la Ford, una de las mayores consumidoras de agua y cementeras. Realmente no está muy claro quién está exactamente detrás de todos estos proyectos, existen multitud de contradicciones, confusión y desinformación.» El gobierno promueve la llegada de empresas extranjeras y la batuta en el asunto la lleva el gobernador Padrés Elías que apropiándose de los medios de comunicación, ha proclamado que el desarrollo ha llegado para que Hermosillo no muera de sed. «El tubo no tiene los permisos medioambientales correspondientes y varios de los implicados están buscados por la ley, aunque prevalece la impunidad».
Los yaquis reclaman que al menos el 50% del caudal del río les pertenece y así se les ha reconocido legalmente, no obstante en la práctica siguen sin poder disfrutar de esta agua. Anterior al presente acueducto, se les dijo que iban a construirles uno para hacerles llegar el agua y permitieron las construcciones dentro de su territorio pero el agua no les llegó sino que fue a parar a las zonas turísticas de la costa de Guaymas. «Según la resolución 169 de la OIT y de acuerdo con la ONU, cualquier intervención en territorio indígena debe ser informada y consultada al pueblo. Pero sólo les dan folletos informativos para decir que han cumplido.»
Aunque la Suprema Corte ha dado la razón a los yaquis y la lucha ha sido ganada legalmente, no es así en la práctica. Ante la incapacidad para hacer cumplir la ley los yaquis se lanzaron a hacer manifestaciones y protestas. Cortaron la carretera internacioal México-Nogales, que atravieza todo el país durante un año, permitiendo sólo pases intermitentes. «Al principio se les ignoró pero luego los medios se les echaron encima acusándolos de perjudicar la economía por el corte. Han sufrido toda clase de presiones y ataques, les quitaron las ayudas sociales y las becas a sus jóvenes. El estado de Sonora comenzó una campaña de criminalización contra dos de los voceros del movimiento yaqui, un verdadro montaje político.» Pero la sociedad civil ha mostrado su rechazo no sólo al proyecto del acueducto sino también a la corrupción de sus gobernantes. Cuando el alcande de Hermosillo decidió hacer un monumento al tubo como símbolo del progreso en una de las principales calles de la ciudad, no tardó en manifestarse el descontento ciudadano. «El tubo se llenaba de pintadas contra los corruptos hasta que fue retirado definitivamente.»
El acueducto de Hermosillo se encuadra dentro de los mega-proyectos que se planean en todo México. La cuestión del agua lleva emparentada las situaciones de violencia y son muchos los pueblos desplazados o amenazados por estos planes. «Además el desamparo ante leyes que no se respetan y el descaro con que se practica la corrupción, alienta a los empresarios del saqueo y desanima a otros pueblos que ven cómo la vía legal no funciona. Se avecina un mal panorama con este tipo de modernidad que se vende progresista y está resultando devastadora.» Con los yaquis está habiendo un exterminio, hay quienes ya se plantean la posibilidad de volver a las armas. Como su historia indica, nunca van a rendirse. Tienen un lema: «Aunque quedara un solo yaqui con vida, en él estaría representada toda la cultura de su pueblo.»