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Un 10 de agosto, pero de 2010, el cine peruano perdió al escritor y director Armando Robles Godoy, el primero en alcanzar reconocimiento con sus filmes y lograr elevar la calidad artística y técnica de estos en su país. Este año no fueron muchos los actos de homenaje en Perú, empero alguna prensa de afuera ha dedicado espacios para mostrar sus obras.

Destacado cineasta, que también se desempeñó como escritor y periodista. Fue el primer realizador peruano en alcanzar reconocimiento con sus filmes y en elevar la calidad artística y técnica del cine en el Perú.
Armando Robles Godoy, uno de los emblemas del séptimo arte en su país, murió en Lima a los 87 años, víctima de complicaciones derivadas de un accidente de tránsito. Hijo del compositor Daniel Alomía Robles, autor del internacionalmente famoso tema El cóndor pasa, llevaba una vida activa hasta pocas semanas antes de su muerte. Entre sus obras destacan «Veinte casas en el cielo», «El amor está cansado» y «La muralla verde».
Su filmografía
Debo empezar diciendo que he profundizado en este director por ser actualmente muy bien considerado en nuestro panorama cinematográfico, siendo un realizador antiguo de quien su última película fue en el año 2000, pero su quehacer artístico se remonta hasta los 60s, y del que se dice que una de sus películas, «La muralla verde» (1970) es la mejor de todo nuestro séptimo arte. Y tenía que comprobarlo, y de paso conocer toda su obra, que cuenta con 6 largometrajes, de los cuales no he visto sólo «Ganarás el pan» (1965), su ópera prima, y la dejo para un futuro próximo cuando la encuentre.  
He visto dos veces «La muralla verde» a ver si me convencía, si contenía el importante título que se le otorga, la de película número 1 del cine peruano, aunque tampoco es que hayamos hecho muchas grandes obras, pero como en todo lugar las hay y ésta encaja entre las merecidas a elogiar, sin embargo en mi más honesta apreciación definitivamente no me parece la mejor, ni siquiera dentro de su filmografía, pero sí una muy estimable propuesta, pensando en lo que nos dejó Armando Robles Godoy en conjunto, algo a valorar mucho como parte de la riqueza cinematográfica del Perú.
En la selva no hay estrellas (1967)
Esta película es un gran comienzo para revisar la obra de Armando Robles Godoy, si bien se parece mucho a «La muralla verde», parecen hermanas gemelas, hechas bajo las mismas características, cualidades y defectos, ésta es más cautivante en su relato. Aun siendo una historia muchas veces contada (que se basa en un cuento del propio Robles Godoy, como «La muralla verde» en una novela suya, que nacen de su experiencia de colono por casi una década en la selva), la del oportunista y tramposo,  un criminal (mata por dinero a un hombre supuestamente correcto, un líder comunal, en la Sierra, mismo western o película bélica de francotiradores, o incluso de ambas, lo cual invoca emoción de lo que es plano de por sí), que quiere robarle el oro en polvo escondido en unas botellas de cerveza a una anciana legendaria que vive con los indios y lo salvaje en plena selva.
Su fuerza yace en el recorrido de la selva pero requiere del ingenio para seguir sorprendiendo, que es rica aunque únicamente acumula sin mayor razón el que ha encontrado en grandes cantidades, dice que ha perdido el motivo, mientras es idolatrada y cuidada por los indios, que impiden cualquier robo, empero no dejan de atraer a muchos tras el rumor de esa mítica existencia.
Es una historia muy atractiva, sin duda, y es que uno no se cansa de meterse en ellas, y hay que decir que Robles Godoy tiene sus muy buenas virtudes contándonosla en su realización. Es notable ver que para 1967, nuestro cine buscaba la innovación, tenía ese atrevimiento, es una película que tranquilamente puede convencer al público cinéfilo, sin que sean necesariamente cazadores de rarezas.
La muralla verde (1970)
Si algo tiene claro uno cuando ve esta película es que está ante una obra ambiciosa, aunque en el trayecto se contengan varios defectos, como en la edición abrupta, la que no fluye imperceptible, la que denota intención. Otro es la forma de hablar de los actores, parece que declamaran, los que por momentos lucen como si estuvieran leyendo, hay cierta rigidez (yo diría que un poco en general). Pero una vez acostumbrados a su forma de expresión artística, como con los continuos flashbacks que dan una estructura personal al conjunto, al que se le suma un cierto naturalismo y un sonido que influye como marca de casa, es como entrar a un mundo, en donde una vez acostumbrados empezamos a apreciarlo, a sentirnos absorbidos por él. Aunque en sí nada del otro mundo se nos cuenta, la verdad, pero con la solvencia de quien sabe ser un buen narrador, incluso poniéndose el trabajo complicado en sus formas de exhibición, de donde crea arte, se hace cine en toda palabra si bien no todo es perfecto. Sí, es una buena película, pero no la número uno, y yo diría que mejor apuesten por empezar por la anterior dentro de su filmografía.
Espejismo (1972)
Esta película fue nominada a los Globos de oro de 1973, y Robles Godoy la tenía por su principal obra, y coincido que es la más lograda de todas las que hizo, aunque la más apasionante es «En la selva no hay estrellas» (que dicen que el título es por lo tupido de los árboles que cubren el cielo y no permiten verlas, a diferencia de lo que me ha parecido, que era que todos somos iguales en la metáfora de la selva, bajo una idiosincrasia reprobable si se quiere, algo como la pobreza por mencionar una alusión). Siendo un as de ingenio que hace de cada pieza un poético rompecabezas perfectamente concebido y entendido por el espectador, ya que Robles Godoy es audaz pero nada críptico, si bien deja algunos lugares sin resolver, al libre albedrío y a la elipsis (la pareja de enamorados).
Un don ver que Robles Godoy sabe fabular su propia historia bajo aguas conocidas, pero creando esta vez una estructura y unas formas mayores a sus antecedentes, mucho más naturales, más sabias, más elegantes, sin perder sus rasgos, como esa pelota lenta moviéndose en la cancha, esa música instrumental peruana que circula constante o esa dunas y sensación de espejismos que invoca toda la obra. Rupturas, comienzos, revelaciones, sanación.
Sonata soledad (1987)
Robles Godoy, como Tarkovsky, cree que el buen cine tiene muchas semejanzas con la música, y qué mejor forma de defender este punto, que haciendo cine guiado por composiciones musicales (Heitor Villa-Lobo, Ludwig van Beethoven, Carl Orff), en tres segmentos independientes que versarán sobre la soledad, como anuncia el título. En un trabajo dedicado a sus alumnos de taller cinematográfico, y a todo aquel que conciba el cine como arte, con algo que requiere entrega aun no habiendo premio de por medio. Lo que en buena parte le sucedió a este director durante su carrera, aunque hoy goza del reconocimiento y el descubrimiento de muchos amantes del séptimo arte en el Perú.
Imposible amor (2000)
Con este filme salta la pregunta de rigor, ¿estamos ante un bodrio de escala mayúscula o una película incomprendida aunque fallida?, y yo creo que la percepción será muy radical en la mayoría que se atreva con ella (quedan avisados), si bien apunta a que habrá muchos más del primer grupo, aunque qué dilema si admiramos a este director por cuatro de sus seis películas (habiendo mucho consenso en la maestría de tres de ellas, «La muralla verde», «En la selva no hay estrellas» y «Espejismo»), pero intentando dar algún veredicto yo creo que oscila entre los dos lugares de la interrogante, tiene de ambos, y uno queda balanceándose a un lado y a otro.
En esta historia se explota demasiado lo sexual al punto que uno pierde toda esperanza de que remonte su débil argumentación, ya que en realidad se trasparenta superficial (¿pueden creer que llegue a incomodar ver desnuda a Mónica Sánchez?, no por las razones buscadas sino porque uno tiene otras expectativas artísticas con la propuesta, y ve irse al diablo todo ello, aunque lógicamente no lo ha notado el autor de esa manera).
Finalmente termina fabulando una audacia de que todo pudo ser producto de la imaginación literaria, la cavilación del apasionamiento dentro de un idilio complicado entre dos polos opuestos, efímeros pero cargados de placer y alta excitación.