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El apoyo presupuestario para las cuentas del Gobierno haitiano ha sido sólo de $ 340 millones desde el terremoto. En otras palabras, el 95% de los fondos de ayuda no ha pasado por el gobierno y ha desembocado en un sector de ayuda extranjera, a menudo corrupto y sin control.
Los responsables del continuo sufrimiento de Haití gozan de impunidad.

A lo largo de su historia, Haití ha recibido lecciones en el salvajismo de las grandes potencias imperialistas del mundo. La última lección fue dada hace un par de semanas por un tribunal estadounidense que dijo que la ONU no puede ser considerada responsable de la negligencia criminal que, desde  2010, ha matado a 8.700 Haitianos por cólera. El Gobierno de Obama, innecesariamente preocupado de que el tribunal podría tomar el lado de la decencia común, instó formalmente al tribunal a descartar la denuncia de la manera que lo hizo. El Instituto para la Justicia y la Democracia en Haití (IJDH) señaló que; «A pesar de las llamadas de todo el mundo –incluyendo la de la propia jefa de Derechos Humanos de la ONU– pidiendo que la ONU proporcione recursos a las víctimas del cólera, la organización se ha negado».
Tropas de la ONU (conocidas como MINUS-TAH) se han destinado a Haití desde 2004, cuando se dieron a la tarea de consolidar un golpe de Estado perpetrado directamente por el gobierno de Estados Unidos con la ayuda considerable de Francia y Canadá. Así, las tropas Estadounidenses secuestraron a Jean Bertrand Aristide, Presidente de Haití elegido democráticamente en ese momento, y lo llevaron a África, las tropas Canadienses aseguraron el aeropuerto de Port-au-Prince. También participaron tropas Francesas. Días después del golpe, un titular del New York Times explicó las cosas a sus lectores de la siguiente manera: «EE.UU y Francia dejan de lado las diferencias en sus esfuerzos para resolver los conflictos de Haití». La «prensa libre» de los autoproclamados «países civilizados», rara vez deja de deslumbrar. MINUSTAH apoyó una dictadura encabezada por Gerard Latortue, quien presidió el asesinato de cerca de 4.000 partidarios de Aristide en el área del gran Port-au-Prince desde 2004 hasta 2006, según un estudio publicado en la revista médica The Lancet. [1]
El gobierno Francés odiaba a Aristide, por pedir en 2003, que Francia pagara a Haití  $21 billones de dólares en reparaciones. Peter Hallward comentó en su excelente libro sobre el golpe de Estado que, «a diferencia de la mayoría de las demandas de reparación relacionadas con la esclavitud, que están en el aire, el reclamo de Haití se refiere a una cantidad precisa y bien documentada de dinero extraído en moneda fuerte por la ex potencia colonial».
Esclavos Haitianos se levantaron en 1791 y para 1804 habían arrojado a Francia fuera de la Isla de La Española (que Haití comparte con la República Dominicana). Los esclavos liberaron una colonia que generaba más riqueza para Francia de la que las Trece Colonias (lo que se convirtió en EE.UU en 1776) lo hacían para Gran Bretaña. Las condiciones en Haití eran tan monstruosas que un tercio de los esclavos murió dentro de los tres años después de llegar de África; eso explica por qué estaban dispuestos a sufrir pérdidas terribles para derrotar a los Franceses. [2].  En 1825, Francia fue capaz de intimidar al Gobierno hai-tiano a pagar 90 millones de francos como «compensación» por la pérdida de la riqueza generada por la esclavitud. La última cuota de esa «deuda» fue pagada por Haití en 1947. La demanda de reparaciones de Aristide se basó en esa «deuda» –no la riqueza robada mientras Francia, con éxito (y salvajemente), explotó su colonia, y no por los cientos de miles de esclavos asesinados por Francia por el «delito» de luchar por su libertad.
El ejército de EE.UU ocupó Haití desde 1915 hasta 1934. Se restableció la esclavitud y facilitó el robo de al menos 260.000 hectáreas de tierras por parte de las empresas de América del Norte. Las estimaciones del número de haitianos asesinados oscila en el rango de 3.000 a 15.000, pero algunos historiadores dicen que el número de muertos fue mayor. Los EE.UU dejaron un ejército haitiano modernizado, para hacer su trabajo sucio por varias décadas después del fin de la ocupación. [3]
Aristide fue elegido por primera vez en 1990 en las primeras elecciones libres y justas de Haití. Fue depuesto varios meses después por un golpe militar respaldado por Estados Unidos. Bill Clinton ordenó que la junta que gobernaba Haití, dimitiera en 1994, pero insistió en que los años de Aristide en el exilio contaran como años de servicio en el Gobierno y que Aristide implementara las políticas económicas deseadas por las élites haitianas. El gobierno de Clinton hizo todo lo posible para ayudar a los autores del golpe de Estado a escapar de la justicia por sus crímenes (miles de asesinatos y violaciones) y aún permanecer empleados en las fuerzas de seguridad de Haití. A pesar de las maniobras de Clinton, el Gobierno de Haití, para el 2000, logró condenar a decenas de soldados, entre ellos tres miembros del alto mando, pero el golpe de 2004 los liberó de prisión. Las maquinaciones de Clinton dieron sus frutos en la administración Bush de muchas maneras, a lo largo de la década del 2000, como Jeb Sprague ampliamente documenta en su libro «Del parami-litarismo y el Asalto a la Democracia en Haití». Gracias a Wikileaks sabemos que Bush tomó prestadas las tácticas de Clinton y, con la ayuda de la ONU, insertó cientos de ex «insurgentes» contra el gobierno de Aristide en la fuerza policial de Haití.
Las últimas elecciones libres y justas en Haití se celebraron en 2000, pero esas elecciones fueron cínicamente manchadas por los gobiernos Occidentales y la prensa internacional con el fin de justificar el aplastamiento de la democracia haitiana. El partido de Aristide ha sido prohibido de participar en todas las elecciones desde 2006. La MINUSTAH ha amasado un triste récord de disparar contra los manifestantes (videos en https://www.youtube. com/watch?v=rweQ2-BgjH4 y aquí     https://www.you-tube.com/watch?v=38owUZrNHzA ) y de asaltos sexuales además de causar un brote de cólera letal. Tropas de la ONU se han mantenido en Haití en gran parte porque el ejército de Haití fue disuelto por Aristide poco después de su regreso en 1994. MINUSTAH, al igual que el antiguo ejército haitiano, es la última línea de defensa de la élite haitiana contra las aspiraciones democráticas de la mayoría.
El 12 de enero de 2010, un terremoto mató a cientos de miles de Haitianos. Personas de todo el mundo actuaron en sus impulsos decentes y donaron dinero, pero los resultados han sido lamentables, como este resumen estadístico conciso del Centro para la Investigación Económica y Política (CEPR) revela (http://www.cepr.net/index.php/blogs/relief-and-reconstruction-watch/haiti-by-the-numbers-five-years-later). Los 7200 billones de dólares desembolsados a Haití desde el terremoto –si hubieran sido dados directamente al Gobierno Haitiano– hubieran sido suficientes para cubrir casi el doble de su gasto de casi $ 2 billones por año en el período post-terremoto. El apoyo presupuestario para las cuentas del Gobierno haitiano ha sido sólo de $340 millones desde el terremoto. En otras palabras, el 95% de los fondos de ayuda no ha pasado por el gobierno y ha desembocado en un sector de ayuda extranjera, a menudo corrupto y sin control.  El PIB per cápita de Haití en los últimos quince años no ha alcanzado el nivel alcanzado en 2000, después de un breve período en que el país tenía un gobierno electo que no fue sometido a fuertes sanciones económicas por los EE.UU y sus aliados.
Los recientes disturbios en Haití han llevado a la junta editorial del Washington Post a pedir «mediación más agresiva por parte de Estados Unidos, las Naciones Unidas, Francia, Canadá y otros diplomáticos»  –palabras que deberían provocar la protesta y el desprecio generalizados. El enjuiciamiento de los «Estados Unidos, las Naciones Unidas, funcionarios Franceses y Canadienses» por lo que han hecho en Haití, sería posible si existiera algo parecido a, la «prensa libre».

Notas:
1] Athena R. Kolbe y Royce A. Hutson, «Abuso de los derechos humanos y otras violaciones penales en Port-au-Prince, Haití: una encuesta aleatoria de hogares,» The Lancet, Vol. 368, No. 9538, 02 de septiembre 2006.
[2] Véase Paul Framer de «Usos de Haití», pg 56.
[3] «Usos de Haití» pg 82-85; También de Hallward «La construcción de presas del Diluvio» pg 14.