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Primero Grecia, cuyo nuevo gobierno ya plantó frente a la Unión Europea (UE), y luego la multitudinaria Marcha por el Cambio escenificada este sábado en Madrid, han puesto al descubierto las grietas que hoy tiene el muro neoliberal impuesto en el denominado Viejo Continente por regímenes antipopulares y totalitarios, como el de Mariano Rajoy en España.

Poco vale esconder o manipular por los emporios mediáticos lo que ocurrió este 31 de enero, cuando miles de ciudadanos de esa nación ibérica, convocados por el Movimiento Podemos, inundaron la afamada Puerta del Sol madrileña, una concentración sin precedentes en la historia de esa nación ibérica.
La llamada Marcha por el Cambio estremeció al unísono a España y a Europa, como la toma reciente del poder en Grecia por la izquierda, dos hechos, unos detrás del otro, que han marcado el comienzo del fin del neoliberalismo en la en crisis UE, a juicio de analistas políticos. Lo sucedido en Madrid, como en Atenas, tiene una sola explicación: Es la respuesta a los recortes sociales, el desempleo, los desahucios, la violencia policial, la privatización de la educación y la salud, en fin, el desprecio a los pueblos por regímenes, involucrados en la corrupción hasta el tuétano.
Esos acontecimientos son a su vez una clara demostración del fracaso de las recetas neoliberales, que dicho sea de paso fueron un chasco hace algunos años en América Latina, pero los ejecutivos de la «culta» Europa no quisieron nunca reconocer esa amarga experiencia. Los manipuladores de siempre han llegado a justificar que lo escenificado en Grecia y en España es una consecuencia de la influencia del «Chavismo» venezolano, lo cual se contradice con la mentira que reiteran diariamente de que la Revolución Bolivariana se está «cayendo».
La derecha europea y latinoamericana, y sus medios de comunicación, son tan incoherentes y embusteros que ahora pretenden culpar a Venezuela de lo que se ve venir en la UE, su desmoronamiento.
De otro lado, eluden reconocer que los partidos conservadores tradicionales del Viejo Continente, al igual que los de Latinoamérica, están completamente desacreditados, y ni comprando los votos o cometiendo fraudes pueden imponerse en unas elecciones.
El muro del neoliberalismo europeo está agrietado, y aunque persistan en reforzar sus estructuras con fórmulas tramposas, es una realidad que otros vientos, similares a los del Sur, soplan en un Norte sin norte, y desesperado ante un eventual efecto dominó, en el que España será sin duda alguna la segunda ficha.