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El multimillonario Horacio Cartes cumplió el viernes pasado un año al mando de Paraguay, uno de los países más desiguales de Sudamérica, con logros en transparencia pública y contención fiscal, pero sin abordar la reforma agraria que demandan en la calle los campesinos, la población más pobre del país.

Centenares de labriegos y militantes de grupos de izquierda realizaron la pasada semana frente al Congreso paraguayo tres días de movilizaciones en rechazo a la gestión de su gobierno.

Los participantes, en su mayoría miembros de la Federación Nacional Campesina (FNC), acusaron a Cartes, aupado al poder por el conservador Partido Colorado, de ser «el presidente de los ricos» y de beneficiar a los grandes terratenientes agrícolas. Mientras tanto, el presidente acudía al tradicional tedéum celebrado en la Catedral Metropolitana con motivo del 477º aniversario de la fundación de Asunción, horas después de que se dirigiera al país por televisión para dar cuenta de su labor de gobierno.

Cartes apareció por sorpresa en las pantallas con un discurso grabado para repasar su año de gobierno, que según él estuvo marcado por la lucha contra la corrupción y la pobreza, la creación de empleo y el desarrollo económico. «Combatimos directamente el clientelismo y el prebendarismo, para que los mejores hombres y mujeres de la patria crean nuestro destino, redignificando así la función pública», dijo el mandatario, dueño de un emporio de empresas que van desde la banca, la tabacalera y las bebidas refrescantes a la producción de soja y carne.

Cartes aseguró que su gobierno creó en un año más de 10.000 empleos en todo el país, con una población aproximada de 6,7 millones de habitantes, y facilitó la instalación de 300 nuevas empresas; también destacó los logros en transparentar algunas instituciones públicas, mérito que analistas y encuestas le reconocen.

Defendió también la ley de la Alianza Público-Privada (APP), un proyecto impulsado por él y aprobado en el Congreso, como el medio para aumentar el desarrollo del país. El gobierno pretende usar la ley para atraer capital privado para mejorar las deficientes infraestructuras, pero es fuertemente contestada por la izquierda del país, que la ve como una privatización encubierta, como clamaron varios miles de personas durante los tres días de protestas en la capital y a nivel nacional.

La marcha de trabajadores y campesinos estuvo secundada por simpatizantes y algunos dirigentes del Frente Guazú, el partido del ex presidente y actual senador Fernando Lugo, y otros grupos de izquierda. «Es el presidente de los ricos, de los grandes exportadores, de los grandes productores, no es el presidente de los pobres», dijo a los reunidos frente al Congreso Elmo Rodríguez, dirigente del Partido Paraguay Pyahura (Para un Nuevo Paraguay).

«Durante su gobierno no se han dado pasos para el reparto de la tierra, sólo ha habido desalojos por la fuerza de los campesinos que ocupaban tierras. Tampoco hay ayudas para los pequeños productores y ninguna intención de poner una ley de reforma agraria», declaró Marcial Gómez, secretario general adjunto de la FNC.