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Una nueva antología temática Todos los mares Escribe Juan Cameron. El poeta santiaguino Fesal Chain presenta una nueva antología temática, El mar de los poetas, renovando un género casi olvidado en el ámbito editorial en Chile. Autores de tres países y de distintos niveles de producción, conviven en estas páginas.
Hugo Montes lamenta la falta de antologías temáticas en Chile justamente en el prólogo de Los poetas del mar, selección publicada por la Editorial Andrés Bello en 1978. Con acierto el recopilador de El mar de los poetas nos presenta aquí más bien a autores vinculados por imagen o semejanza, a ese inmenso océano. Océano que aporta, más que un motivo simplemente estético, una fuerza metafísica determinante y esencial. Es en esta comunión donde se entiende la intención de Fesal Chain por reunir en un solo cuerpo el trabajo de autores de distinta índole u origen vinculados al mismo tiempo a esa monumental idealización. En tal sentido el mar se torna en ese mundo otro, distante aunque siempre presente, que nos acompaña como un valor opuesto, un reflejo para darnos razón y existencia. El mar resulta entonces un querer ser, un permanente imaginario percibido en la piel a cada instante. Por obra del recuerdo o de la palabra ha sido destinado a construir, en definitiva, un texto que habrá de acunarlo en toda su intensidad. Pero no lo poseemos, ni siquiera somos parte de aquel. A su lado, por un breve instante se nos entrega para cargarnos después con su infinita nostalgia; nada más. Gabriel Impaglione (Morón, Buenos Aires, 1958) refleja en sus textos el brillo de la superficie cuando esta esconde un mundo cargado de plata refulgente en sus profundidades. “El mar es una cinta que brilla en tu pelo” canta a su capitana, y de allí extrae la fuente de nácar, imagen de cuanto es valioso y resplandeciente a la vez. El poeta Raúl Ocaranza (Copiapó, 1963) crecido en Puerto Viejo, une mar y poesía en tanto forma y expresión de sentimiento. La imagen de la amada es como el mar, cuando no es el mar mismo: “Tus ojos los pinto/ con el brillo del sol/ en el agua”, declara; y luego: “mi mar es una mujer/ enamorada/ que me abraza con olas/ y me desea con marejadas”. En cambio Marcelo Valdés (Santiago, 1984) “poeta del mar sin casa en la playa ni lancha a motor”, como se presenta, fija en el fonema y la aliteración -y también el registro de una mítica Cartagena o de los asesinados por la dictadura- su más estrecho vínculo. Pero el paso de la memoria es fantasmal, descubre; “y por tanto,/ y debido a todo lo anterior,/ sólo queda remar”, nos dice. Otros autores, en cambio, intentan habitar ese mundo, o simplemente lo desean. Para María Francisca Rivera (Santiago, 1973) tanto el mar como la costa integran el escenario sobre el cual ella se desplaza en una suerte de vuelo descrita por Gastón Bachelard en El aire y los sueños. El impulso amoroso la conduce entonces y “confundiéndose con el mar/ en el horizonte/ pasan cuatro caballos (…) se dibuja el quinto a distancia”. Michelle Valencia (Chile, no indica fecha) por su parte se enfrenta a éste como a un poder superior que determina su mundo. Protegida en su refugio del insondable mar, nos dice, va hacia aquel sin embargo en busca de la entidad ausente: “me di un baño en el océano atlántico/ en la orilla de una playa desierta (…) y embriagada en sus suaves olas/ me fundí en sus aguas quietas”. Y Zullette Andrade (México, tampoco indica fecha) para quien bucear y escribir nacen de una misma fuente, ve en los niños a quien ella enseña como maestra, como los habitantes de ese vasto océano “viviendo en palacios de papel/ y barquitos de periódicos”. Curiosamente Juan Pablo Núñez (Santiago, 1974) quien confiesa su negativa a leer poesía, declara también la intención de nadar una vez más en esas aguas para escribir, pues este es su único oficio: “¿Alguna vez les dije/ cómo terminará mi vida?/ Será en el mar de mis sueños,/ y así será”. Compromiso que en Mario Aguilar (Santiago, no indica fecha) cobra vigencia histórica y oficia de testimonio: “Porque entre los abismos fantasmales del mar/ el mar como sarcófago y tumba/ se hallaban los rieles del tren/ que ataban los cuerpos de Marta y de Marcela”. Para Aguilar se trata de una entidad mayor donde yace el pasado, el presente y el futuro tanto de la historia personal como de la patria. Pero este habitar cobra sentido en el poeta mexicano Mario Jaime (tampoco indica fecha). Sus nereidas y anémonas integran un mundo distinto, una naturaleza propia, tal vez con un dios y un sentido cosmogónico particular. Allí junto a una larva de pez transparentada conviven gelatinas pegajosas al color, guiños demoníacos, arcos y trapecios en un amoroso embotellamiento vial de flotación. Y para René Acevedo (Santiago, 1969) la simbolización tiene en cambio un sentido de dolor, de efectivo naufragio cuando no de nostalgia. Como una amante ya perdida, su imagen carga con los días perdidos ocultos ya en un fondo demasiado lejano para recobrarlos: “sé que en el mar se quedaron mi vida, mi corazón y mis sueños/ y que jamás habrá otro puerto ni otra playa/ otra lancha u otro bote/ que me hagan reflotar y sentir la calma”. La contribución literaria de Fesal Chain en estas páginas cobra fuerza y rescata la vigencia poética de lucha en un canto de amor y de reconocimiento y en el significado que el océano Pacífico conlleva para lo popular, lo nacional y lo telúrico. Su voz nos remite a Pablo de Rokha: “cuando miro la roca que estalla/ sobre mi mar de Chile/ cuando miro a los pescadores/ que vuelven de la jornada/ popular y hambrienta/ del pescado barato y mal mirado”. El mar de Chile cobra para él importancia como símbolo y necesidad vital, ese mar “esmeralda en el día y negro como un/ subterráneo antinuclear/ de noche (…) que trae un suave olor a musgo/ en su movimiento perpetuo”. Distintas formas de enfrentar este vacío concreto y desconocido a la vez nos ofrecen estos poetas. Y en tal medida la intención primaria del realizador, la de evocar en uno solo la suma de todos los mares, está desde ya cumplida. Así al menos apreciará el lector. Su recopilador, Fesal Chain nació en Santiago en la década del 60. Es sociólogo y ha publicado La sociología como arma de la resistencia (2006). Es autor de varias obras que circulan por Internet, |
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