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Aparece Refracciones Intinerantes, un poemario del peruano Azril Bacal
 Prólogo de Juan Cameron al libro. Conocí a Azril Bacal una tarde en casa de Viveka, la hermosa hija de Javier Sologuren, allá por Lund, en ese sur sueco que en silencio amamos tanto. Era una tarde del caluroso junio, en 1996, y había sido invitado a compartir un asado con el gran poeta peruano de visita en el país nórdico. Tanto Viveka como Claudio Sologuren Åkesson estaban muy agradecidos por un artículo que sobre su padre yo había publicado en el semanario Liberación, de Malmö, a fines del invierno anterior. Entre los pocos contertulios se encontraba nuestro buen Azril, también poeta y peruano y entrañable amigo de Javier.

Hablamos mucho de poesía. Aún recuerdo la imagen estival, el verde intenso y claro y las sillas sobre el prado de aquel jardín. Tiempo después publiqué unos textos de Azril en el suplemento cultural de mi periódico y muy pronto, a comienzos del año siguiente, retorné a mi Valparaíso, mi otro país al otro lado del gran charco.
El poeta cargaba con él un nombre extranjero -después supe de su origen judío rumano-ruso y de una serie de claves que señalaban al interlocutor la imagen de la aventura, de una saga iniciada en la estepa europea, de persecuciones y exilios o de aquella magnífica generación del 60 nacida de las universidades limeñas.
Conoció a Javier Heraud, supo de su muerte en el río Madre de Dios entre pájaros y árboles y, por tanto, habrá conocido a mis hermanos Antonio Cisneros, Marco Martos y Arturo Corcuera, habitantes de aquella jamás horrorosa Lima que siempre llevamos en nuestra memoria como una fotografía familiar.
Trece años después regresé a Suecia, invitado por el municipio de Skien, en Noruega, al Ibsen International Award 2009. Aproveché la ocasion, para visitar a Patricio, mi hijo mayor, quien vive ahora con su esposa en Estocolmo. Allí tuve la oportunidad de reencontrarme con Azril y un mediodía de septiembre, ya al finalizar ese verano, compartimos un café en la Estación Central de la capital nórdica. Fue bueno verlo y entender que su aptitud de lucha en pro de la justicia y de la igualdad, tanto como por los derechos humanos y la paz universal, no había cambiado un ápice; como tampoco su amor por la poesía.
Y hoy tenemos en nuestras manos estas Refracciones Itinerantes que dan cuenta de este transcurso, no menos interesante, por varios andares y múltiples espacios, como nos dice el poeta. Se trata de una poesía marcada por la nostalgia, la experiencia y la ternura. Bacal no se avergüenza de sentir y de expresar esta vibración humana. Y en su escritura -veo hoy día- hay un cambio notorio, mas no en cuanto se expresa sino en el cómo lo hace. Ha limpiado los puntos suspensivos, la mención innecesaria y la concesión lingüística; y eso es muy bueno. De tal manera su discurso fluye sincero y cálido tal como su mirada; como su persona para hablar más claro. Y en su mochila carga a un tiempo toda esa saudade y también toda la esperanza de este canto de la tierra, que bien podría ser la poesía misma, en esa magnífica imagen: al nuevo día de los días de mis días.
En definitiva, es el amor el gran tema presente en las Refracciones Itinerantes de Azril Bacal. Este gran motivo extendido sobre el árido suelo de la escritura - ejercicio aún más valioso en estos tiempos de ignorancia y desinterés como los nuestros - se expresa como el más intenso y generoso sentir del individuo sobre el planeta. Sus muchos aspectos quedan señalados en las varias secciones o capítulos del libro.
Ya se trate del recuerdo, del amor hallado o desencontrado, del estar en el pellejo del otro, de la íntima vinculación con lo social o colectivo o de la pasión más allá de los límite permitidos, su voz directa y clara invoca este afecto y convoca a la palabra dejándonos -así un rumoroso eco- la evidente necesidad de la justicia.
Reencontrar a mi amigo poeta en una estación de trenes para después despedirnos una vez más ha sido, no sólo una magnífica metáfora, sino un camino hacia la mejor expresión de la lengua, como lo es la poesía. Oportunidad que agradezco a nuestro Azril Bacal.
Juan Cameron, Verano en el sur del 2009

la noche azul

Fríatanfría
lazulnoche conbrillaluna
sola perotansola lazulnoche
conlunallena
ayayairefrío
lacerantazúl azulacero
ayayaiquefrío
lazulacero
rojostanrojoslosojosrojos
pesatantayayaylotantovisto
soldaditosdeplomo
cortinas
párpadosdesplomados
ayayailotantovisto
tansolazulytanatrás
lazulacero
lanochezul
lanochefría
soldados
sombras

la noche del imperio

(A Evo Morales)

Las rosas rojiblancas del imperio
fertilizadas con la sangre
de los pueblos
De sangre rojas, de duelo blancas
las rosas rojiblancas
del imperio
Calma espuria
montada en el tiempo
en el lomo de los pueblos
Rosas a pesar de la sangre
floridas a pesar del duelo
Bellas a pesar del imperio
fragantes a pesar del tiempo
El anuncio de las rosas rojiblancas
del duelo blanco del imperio
del tiempo nuevo de los pueblos
de las rosas rojas
¡de los pueblos sin imperio!

todo en su lugar

Hoy vallejianos,
encajan la cabeza y brazos
en su tronco
en el tronco,
sus cinco extremidades
su colita de rabo
primero un pie
en el zapato correcto,
luego el otro
infinita quietud hoy
en el espíritu,
antes inquieto

Refracciones itinerantes
Azril Bascal Roij
Cubierta de Natividad Amador. Ilustraciones:
Berta Guerra Aredal
Fotografía del autor:
Carolina Johansson Oviedo
Diseño: Giovanni Pineda e Isabel (”Chabuca”) Tapia
Una publicación de la Peña Española de Uppsala
Uppsala, 2010.



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